Clickeo las palabras que antes vi amanecer,
entre estrobos de estrellas desbordándose
el hilito de relámpago en que caen,
campanas de una boda a la que no asistí.
Te siento dormida detrás de la pantalla,
los que pasan por aquí arrojan fondos
de los que la mirada regresar cree.
Ondean tus pantaletas por la luz del foco,
ventiladores soplando un perfume de destellos
en que amanecí.
Menús repletos de polvo y fotografía,
el aserrín en las maderas del cerco
ahí.
Las playas de la jaula sueltan el pelo que tome por años que te vi.
Y te alejé en un beso fluido en la denuncia de las olas:
un camino de lluvias que se va de espalda mojada,
el navajeo que de puntitas pasa a paso la mañana
que despierta a media noche y de cercas;
cercas del viaje en la mirada como fugaz, gas luz.
Cumplir las agujas que caminan al mar.
Un rehilete que da alojo a miradores en la quebrada.
Y así aprendí el boiler en invierno
ondas temporizador la cal sin estación
el pedaleo de esa bicicleta que se alarma para ti:
me darán las horas sus medallas de oro
y de su piel de papel,
sacaré tarjetas de mis noches en presentación
y puede que hasta el revés de los ojos
aquella mirada
me acomode cuando lea cuidado con el tren.
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