Vendedor ambulante a la fuga
Vendo postales de amor.
Caricia de la foto
que no calienta,
ojo en el café
que no fotografía,
parvada de coños
que no aterriza en cama firme,
lentes que enfocan el aire
que no atora,
radiografía de los labios
que no embalsaman,
mi rincón oscuro al
que no le echas el flash,
luz de ovarios
que no iluminan
el cristal polarizado del rehilete yo,
superficie de poste
que no patrocina la risotada en close-up,
televisión haciendo ojitos a la ciega
que no escucha comerciales del Cupido,
camionero de los nervios,
arrepentimiento y vuelta,
para variar, ese que no viste,
sudor quemado de las manos
que no tocas,
ojeras que dijeron whisky,
te aceptaron de patrocinadora y firmaste
que no,
piso recién trapeado
que no manchaste con tus huellas,
el borracho, trago gratis al oír tus ojos, y
que no poso,
hígados sin destilar en la pollería
que no compre,
la ventana rota
que no te regale por discreto,
el gallo cantando amor a madrugada llena
que no te desayunaste,
vendedor de tarjetas telefónicas
que no vende tus llamadas,
tiempo aire con diarrea
que no te alcanza,
el último cigarro con la marca del principio
que no te enciende,
código de barras y barrotes de tus nalgas
que no me sellas,
pantalla de plasma negro y con estrellas
que no te muestra,
todo este andar de ecos que no pudo decir no,
y ahora vende sus postales de amor.
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