martes, 30 de septiembre de 2008

De una vez aprovechando

Acostado me dije:
estar sedado
no se puede todos los días.


Luego ella se paro y dio un suspiro,
la maldad de la falda
comenzó a vestirse,
y luego una dentellada
de luces salió
a dar los buenos días
del cepillar de su pelo.


Ojos bañados
en la muerte roja
y nada más.


Como expandido
goce sobre su vientre,
marca de siempre
que se deja sobre su cuerpo.


Ambos se acuestan
sabiendo que perdieron,
ambos corren
tras haber caído,
mujer caída,
labio caído,
piernas caídas,
hablemos desde lejos,
pero hablemos.


Estornudemos
la salud de la risa,
esa sale más barata
y se vende más rápido,
a la gente le gusta comprar.


Solo me dan ganas
de desabrochar
ese momento,
para dártelo;
eso es todo.


Pongamos el antifaz,
aquí los nombres no resuenan.

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