Ojos de cielo, corazón de noche
GRANA, GRANA no me DA;
pero ya qué, ¡perdón!
Grita el topo,
qué mejor ayudante de Dios
que un ciego que ve.
Explosión:
justo en medio de los ojos.
Séptima u octava vez,
que el sonido
se atraganta
con su propia saliva.
Van,
regresan,
dan la vuelta;
se detienen.
La hormiga pequeña
regresa por el cuerpo
muerto de su amiga.
El dedo de Dios
señala culpable,
y también es aplastada.
No es cuestión de
supervivencia, dicen
las flores con sus pancartas
en el mitin, es cuestión de caminar
y te percates de que la tierra
explota.
A dos calles y el estallido aún se escucho.
La lluvia y la baba son la misma cosa,
dice con seguridad el gorrión
frente a la parvada; agua, líquido,
potabilidad rentable.
Vayamos por la pluma y el aleteo
dicen los cisnes de la música;
¡es hora de revolución!
Mientras, todas las musas
en los vestidores del deseo,
esperan desnudas.
El guión:
Bueno, sí; unas explosiones señor.
Qué.
Muerte señor.
Llegando
cayéndose;
dando tumbos
azotando en la noche;
volteen:
espejo retrovisor de la muerte.
Señoritas: (dicen ellos que también saben estallar)
besadas en la danza de la muerte,
soplo amarillo del cáncer del señor
que ya no conduce su camión sin rumbo;
besado apenas, recordado hace mucho.
La gente se alarma,
no cabe duda,
fue una explosión,
o eso creo.
Al día siguiente:
regar las plantas,
darle de comer a los animales,
al perro, al gato;
todo con las mismas manos
el mismo cuerpo,
va
por sus piernas
como si comiera el sexo
que está junto al mar, y el sol
sale a darse un respiro
después de una larga
noche de amor.
Mujeres y niños,
suban a las montañas o las azoteas,
el estallido está a punto de comenzar.
17 de Septiembre de 2008
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